 | El que manda debe servir |
Anónimo escribió "Tomando un niño en sus brazos, Jesús dijo a los Doce que el nivel por el que se medirá la grandeza en el Reino no será la importancia del cargo, sino exclusivamente la calidad espiritual del alma, medida por una humildad como la de ese niño.
En el tema del gobierno de la iglesia, Jesús dijo a sus apóstoles que era un tema práctico que necesitaban conocer para llevar a cabo el trabajo que pronto tendrían que emprender.
Una de las enseñanzas que, tal vez, Jesús les explicara se refería a lo que hacer cabeza significa en la iglesia: “ser el menor de todos y el servidor de todos”, lo que sigue siendo una palabra definitiva dirigida a los que ejercen cualquier clase de autoridad y que considero puede ser aplicado a todo ser humano seguidor de Jesús:
Su deber consiste en darse totalmente al servicio de los que están bajo su mando, sin que ellos tengan ninguna otra superioridad que la derivada de su servicio, lo que representa un trabajo de la mayor importancia.
Tomando un niño en sus brazos, Jesús dijo a los Doce que el nivel por el que se medirá la grandeza en el Reino no será la importancia del cargo, sino exclusivamente la calidad espiritual del alma, medida por una humildad como la de ese niño.
Si escogió un niño pequeño fue porque éste no podía todavía vanagloriarse de nada, porque aún no había traspasado la frontera que separa la edad en que se piensa que los padres lo saben todo y la que se empieza a pensar que no saben nada.
“El que recibiere a este niño en mi nombre, a mí me recibe, y el que me recibe a mí, recibe al que me envió”. Recibir en nombre de Jesús al más pequeño ser humano es recibir a Jesús.
Les habló también de sus deberes con los más pequeños, no sólo con los niños, sino con los ignorantes, los despreciados, los débiles. Poner el alma de una de estas personas en peligro, es poner en peligro la propia. Despreciarla, no tratarla con todo respeto, es olvidar el valor de su alma a los ojos de Dios. Todos, incluso los que en apariencia no valen nada, tienen un angel designado por Dios para protegerles, un ángel que constantemente contempla Su Rostro.
Este valor de los que en apariencia nada valen era algo tan insólito, tan diferente de lo que los Apóstoles habían oído durante toda su vida, que el señor tuvo que insistir en ello, hasta tal punto que lo presenta como una de las razones de su venida al mundo: “El hijo del hombre ha venido a salvar lo que se había perdido”. Y lo explica con la parábola de la oveja perdida, en la cual extiende su misión salvadora a la oveja descarriada, que ha abandonado el redil del Reino. Parábola que es un canto de esperanza para todos los hombres, sin excepción y establece una norma que ninguna religión había jamás establecido y que el cristianismo no ha sido capaz de poner siempre en práctica, ya que es sumamente difícil hacerlo.
El que manda debe servir. Para eso está. Si uno de los que tiene encomendados se rebela, hay que esforzarse todo lo posible para hacerle volver al buen camino. Sólo si a pesar de todo, sigue mostrándose rebelde, hay que separarle de la comunidad, pero despacio, sin ira, agotando antes todas las posibilidades…
¡Que Jesús esté con ustedes!
Izaza.
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