"Pagina nueva 2 Por: Luis A. Zavaleta Santa Maria
Nuestra Confianza
Supongamos que usted acaba de recibir una mala noticia que lo ha dejado helado. ¡Cuánto quisiera poder cambiar lo que ha oído! Pero sabe que no puede hacerlo. Su mente se resiste a aceptar la realidad y anímicamente usted se siente al borde del precipicio. Toda fibra de su ser gime pidiendo esperanza y comprensión. Usted busca una respuesta a lo que más le preocupa:
Pagina nueva 1 ¿Cómo irá a terminar todo esto?
Cuando la adversidad nos golpea o cuando estamos en situaciones que nos abruman, lo que nos da confianza y esperanza es el hecho de que Dios tiene dominio sobre todas las cosas. A pesar de cómo nos sintamos o de las experiencias que tengamos, podemos descansar en el hecho de que Dios nos ama y que está haciendo que toda dificultad, toda decepción y toda aflicción nos ayuden para bien. Este hecho ha sido una fuente de ánimo y valor para muchos. En ningún momento Dios ha dejado de ejercer dominio sobre su creación ni se ha desentendido de ella. Él es nuestro pronto auxilio (Salmo 46:1).
Si José no hubiera creído en esa verdad, no habría podido aguantar la presión a la que se vio sometido física y mentalmente durante los años de esclavitud en Egipto. David se habría muerto de miedo al oír las amenazas del rey Saúl contra él. Ester se habría sentido agobiada por las palabras de Mardoqueo y no habría hecho nada para salvar a su pueblo. El profeta Isaías se habría desentendido del pueblo rebelde de Israel. Y el grupo de discípulos se habría deshecho inmediatamente después de la muerte de Cristo. En cada uno de estos casos, el hecho de que Dios estaba al tanto de la situación y tenía dominio sobre todo hizo que la esperanza y la paz triunfaran.
El Señor sabía que a los discípulos los asaltarían las dudas y el temor cuando se dieran cuenta que había resucitado. Por eso, vino a ellos como lo había prometido, y les dijo: "Paz a vosotros" (Juan 20:19). Él empleó este saludo como norma para inspirar confianza en los corazones de sus discípulos y asegurarles que Él seguía siendo su Señor y Amigo.
En Lucas 24:38-39a les dice: "… ¿Por qué estáis turbados, y vienen a vuestro corazón estos pensamientos? Mirad mis manos y mis pies, que yo mismo soy; palpad, y ved…".
Dios estaba tendiendo su mano a los discípulos de la misma manera que lo hace con nosotros en la actualidad. Cristo quería que sus discípulos lo palparan y se dieran cuenta que estaba vivo. Él desea eso mismo para nosotros. Él quiere que le busquemos cuando la situación se hace muy difícil para nosotros y no podemos hacerle frente.
"La fe nunca conoce hacia dónde está siendo conducida, pero ama y conoce a Aquel que la conduce". Ese Aquel es el mismo que nos dice: "Pálpame; estoy vivo. Yo soy el que digo ser. Sé por lo que estás pasando y tengo control de todas las cosas. Es posible que tengas que caminar por el valle, pero estaré contigo. No me apartaré de tu lado".
Dios es la autoridad suprema del universo. No hay nada ni nadie mayor que Él. Él nos creó y es quien guarda nuestra vida. Con su poder soberano Dios puede controlar toda tormenta que amenace nuestra vida. Él hace calmar el viento y las olas, y conoce nuestro nombre.
Podemos echar sobre Él todas nuestras cargas sabiendo que nos sustentará. Dios "no dejará para siempre caído al justo", dice el Salmo 55:22b. Muchas veces, Él nos prepara para la adversidad antes de que ésta se presente. Y, aun, si ese no es el caso, nos ampara y protege para que no su******bamos bajo el peso del dolor o de la adversidad.
Nada puede tocar nuestra vida sin la aprobación de Dios. Si alguna tragedia nos golpea, podemos estar seguros de que Él se propone hacer algo por medio de ella. Por lo general, el Señor se vale de la adversidad para que nos acerquemos más a Él y para enseñarnos más acerca de su fidelidad.
Otro aspecto importante en cuanto a la soberanía de Dios es que Él es quien atrae a todos a sí mismo. Cristo dijo: "Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere" (Juan 6:44). El deseo de Dios es que todos lleguen a conocer a Cristo como su Salvador. Él atrae a sí el corazón y la mente de los perdidos, para que puedan ser salvos.
Si el ser humano pudiera salvarse por sí mismo, no habría necesidad de Dios. Pero, por supuesto, no podemos hacerlo. Sólo Dios con su amor y misericordia puede rescatarnos de la esclavitud del pecado.
Y lo hace cada vez que clamamos a Él y le contamos cómo nos sentimos y la dificultad en que estamos. Para Dios la insuficiencia humana es una oportunidad para mostrar su poder. Dios viene a nuestro encuentro en el momento de mayor necesidad para ministrar su amor a nuestro corazón.
Quizá usted crea que ha echado a perder todo en su vida. Pero Dios está dispuesto a transformarla ahora mismo. Él puede hacerlo porque es Dios. Él lo creó a usted movido por su amor. Usted puede empezar ahora mismo. Por más bajo que haya caído, Cristo puede levantarlo y rescatarlo. Si está pasando por alguna crisis, cuénteselo al Señor: "OH Dios mío, no entiendo lo que está pasando, pero acepto por fe que tú tienes dominio sobre todas las cosas y que me ayudarás a salir de esto y me darás esperanza y propósito".
Cristo se especializa en juntar y pegar las piezas que se han quebrado, y hará lo mismo en su vida porque es el Soberano del universo y porque le ama con amor eterno...
Jesús es el señor